Reunión proceso asambleario Asturias
5 de marzo 2016
Propuesta de desarrollo:
1. Algunos decidimos que hay que apostar por dar un cambio a eseta organización en la próxima asamblea:
Queremos saber si estamos todas de acuerdo
i.- ¿Hace falta un cambio?
ii.- ¿Estamos dispuestos a trabajar para hacerlo posible?
Si estamos de acuerdo en las dos preguntas anteriores:
I. Planificar el trabajo
II. Buscar apoyos para tener mayoría suficiente para hacer efectivos los cambios
Planificar el trabajo:
1. Diagnóstico de la organización. Buscar los fallos, las debilidades
5122. Buscar propuestas en las que estamos de acuerdo que permitan eliminar los fallos  (revisión de documentos presentados en la anterior Asamblea de 2012)
3. Fijar unos criterios que han de cumplir las personas que formen parte del equipo que nos ha de representar
4. Programar actos que nos permitan llegar con nuestro mensaje a toda la afiliación, a todas las localidades
5. Hacer este proceso asambleario de acuerdo a las formas que proponemos (democracia participativa, pluralidad…)

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Estamos viviendo una época de incertidumbre política que está paralizando los cambios que las personas de este país necesitan para mejorar sus condiciones de vida y que está impidiendo modificar las reformas que en las dos últimas legislaturas se realizaron beneficiando a quienes más poder económico tienen a costa de aumentar las desigualdades entre la población.

Esta incertidumbre está paralizando nuestra propia actividad política interna. La asamblea de Asturias, que tendría que haberse celebrado en junio de 2015, ha sido retrasada y puede volver a serlo si se inicia un nuevo proceso electoral.

Sin embargo consideramos que, iniciado el proceso asambleario Federal y de Asturias, es preciso dar un cambio a nuestra organización para conseguir una herramienta que, en estos tiempos de reformas imprescindibles, nos permita buscar alternativas para revertir esas desigualdades desde la posición política que defendemos.

Necesitamos una organización más participativa, con una democracia más horizontal, más transparente y para ello es necesario iniciar el trabajo de poner alternativas en común. Nosotras y nosotros nos ponemos en marcha y queremos compartir contigo nuestras propuestas, en asambleas abiertas.

EstrellaIniciamos el proceso en una reunión el sábado, 5 de marzo, a las 11:00 horas. Hacemos un llamamiento a quienes queráis conseguir una organización más transparente, abierta, democrática…
Nuestro correo de contacto es faciendodendelesbases@gmail.com

 Nota: mover la convocatoria por las redes sociales, el lugar de la reunión se indicara a las personas interesadas por correo electrónico.

cartel

La Conferencia sobre “Mercados y democracia” tendrá lugar el viernes 19, en Oviedo, a las 19 horas de la tarde en el edificio antiguo de la Universidad, C/ San Francisco.
Con la participación de Javier Pandiello Catedrático de Eco nimia Aplicada y Enrique Pañeda Profesor Jubilado Dpt. Economía Aplicada.
Los temas a tratar se centrarán en si son independientes o no las instituciones democráticas de los grandes centros económicos de poder:

 

a) Monopolios, oligopólicos y poder político
b) La UE, el BCE, el FMI y la democracia
c) Economía productiva y economía especulativa

congreso-300x300Se agradece que en estos tiempos de zozobra política que corren haya dirigentes, que no líderes, que arrojen luz entre la militancia.

La izquierda en la que creo: http://agarzon.net/la-izquierda-en-la-que-yo-creo/

Informe sobre los resultados electorales e IU http://agarzon.net/informe-sobre-los-resultados-electorales-e-iu/

La izquierda marxista española en el siglo XXI: http://agarzon.net/la-izquierda-marxista-espanola-en-el-siglo-xxi/

Por qué necesitamos una banca pública: http://agarzon.net/por-que-necesitamos-una-banca-publica/

Clases sociales e Izquierda Unida: un análisis: http://agarzon.net/clases-sociales-e-izquierda-unida-un-analisis/

En defensa de IU: http://agarzon.net/en-defensa-de-iu/
su “porque soy comunista” para enfrentarse al alma podemita y al alma neocarrillista de la organización.

En http://agarzon.net por Alberto Garzón publicada el 07/02/2016.
imageEn los últimos años hemos insistido mucho en la noción de crisis de régimen o crisis orgánica. Aunque algunos han pensado que esto es un mero eslogan político lo cierto es que se trata de un concepto gramsciano de análisis marxista. Antonio Gramsci lo formuló con objeto de describir aquellos momentos en los que la profundización de una crisis económica deriva en una crisis política e institucional. Para el pensador italiano esto sucede cuando a una crisis económica capitalista se le suma la incapacidad del bloque dominante para gestionarla, lo que conlleva consecuencias en la concepción del mundo de la gente. Estudioso del análisis superestructural del capitalismo, Gramsci dio enorme importancia a los efectos culturales que provocan los diversos movimientos del capitalismo. Por estas razones algunos hemos creído que este instrumental analítico es adecuado para comprender la situación española.

En términos macroeconómicos la crisis económica en España comenzó en torno al año 2008, si bien los cambios en la concepción del mundo se hicieron más evidentes a partir de 2010 y 2011 con el enorme crecimiento de la movilización social. Es probable que en ello haya tenido un papel muy relevante el inicio de la política de recortes en mayo de 2010. Las cifras relativas al número de manifestaciones no dejan lugar a dudas.

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Por Alberto Garzón en http://agarzon.net publicada el 05/02/2016.

imagesLos resultados electorales del 20-D pueden entenderse como la cristalización de las importantes y recientes transformaciones en nuestro país. Al fin y al cabo en los últimos años ha cambiado la concepción del mundo de grandes sectores sociales, y con ello también sus referentes político-electorales.

Esto era algo previsible y ciertamente anunciado, fundamentalmente porque la crisis económica se profundizó de tal forma que acabó derivando en crisis orgánica o de régimen (1). Es decir, lo que al principio parecía una simple crisis de carácter técnico terminó por convertirse en una grave crisis política y democrática, con un cuestionamiento radical de las instituciones político-económicas. La gente empezó a cuestionar no sólo a los gestores de lo público sino también a los partidos, a los sindicatos, a la propia constitución… De ahí que sea lógico que la frustración de mucha gente se haya canalizado a través de nuevos vehículos políticos, como son los llamados partidos emergentes.

No obstante, esos cambios en la concepción del mundo sólo pueden entenderse como consecuencia de las transformaciones económicas por las que ha atravesado nuestro país en las últimas décadas. Cuando millones de personas, de extracción social heterogénea, modifican su comportamiento electoral no es por casualidad. Ante un fenómeno de tal magnitud no nos valen las explicaciones subjetivistas, ni tampoco el recurso –siempre fácil y manido- a teorías de la conspiración.

Para entender estas transformaciones tan radicales tenemos que partir del hecho de que el régimen de acumulación neoliberal ha entrado en crisis, y que al mismo tiempo el modelo de crecimiento de la economía española se ha agotado. Basta recordar que el régimen de acumulación neoliberal se ha caracterizado por un proceso continuo de precarización de las relaciones laborales y de privatización y desregulación de los sectores públicos. En suma, la retirada progresiva de las conquistas sociales y el dinamitado del Derecho del Trabajo. Todo ello agudizó las contradicciones económicas, con un incremento de la desigualdad y con una dependencia cada vez mayor del endeudamiento para mantener la maquinaria capitalista en funcionamiento. Sin embargo, el estallido de la crisis financiera internacional hizo saltar esa frágil estructura por los aires. Y con ello, naturalmente, también la posición material de mucha gente que, además, había interiorizado culturalmente que vivíamos el fin de la historia.

Es más, lo que el 15-M manifestó con toda claridad no fue la autoconciencia revolucionaria de la ciudadanía, como sólo podrían creer los más ingenuos, sino la existencia de un caldo de cultivo de enorme frustración ante la realidad socioeconómica y, muy especialmente, ante las expectativas vitales. Entre otros, allí podía encontrarse a los jóvenes sin futuro, a las facciones de clase más precarizadas y a una autopercibida clase media que era expulsada, bruscamente en la mayoría de los casos, de la burbuja económico-vital en la que habían vivido. El salto no fue cuantitativo, habida cuenta de que días después ganó las elecciones el PP, sino más bien cualitativo: para cada vez más gente algo estaba cambiando en su forma de ver el mundo.

La izquierda política organizada, desgraciadamente, no quiso estar a la altura del momento. Se hicieron buenas diagnosis de lo que sucedía pero no se acompañó de una gestión coherente. Por lo general podría decirse que la izquierda marxista de este país no obró como tal, y limitó sus habilidades a un buen diagnóstico que no fue acompañado de la consecuente praxis. Y es que aunque la mayoría de la frustración ciudadana se expresaba con la intención de voto de la abstención, también una parte que alimentaba ligeramente los porcentajes estimados de IU. Y eso bastó para neutralizar los discursos marxistas que analizaban y proponían alternativas rupturistas, hacia dentro y hacia fuera. Triunfó una suerte de nuevo eurocomunismo o neocarrillismo que abogaba por recoger los beneficios electorales de la crisis sin apostar por articular una respuesta política anticapitalista.

No obstante, pasado este largo ciclo electoral toca hacer balance. La economía española se encuentra narcotizada, debido a las inyecciones de liquidez de los bancos centrales de todo el mundo; el modelo de crecimiento económico se está reorientando hacia un modelo dirigido por las exportaciones de bajo valor añadido, lo que implica aún mayor precariedad laboral; la estructura de clases ha cambiado, con un fuerte componente generacional; y la presencia de nuevos partidos ha modificado sustancialmente el panorama e imaginario político. Al mismo tiempo, el escenario económico de futuro es ciertamente oscuro, con un horizonte de nueva crisis financiera que podría desestabilizar todo el sistema político otra vez. Al fin y al cabo, las contradicciones del sistema económico no se han resuelto de ningún modo y eso es crucial en el devenir político de nuestro país.

En estas circunstancias, parece obligado iniciar una reflexión activa sobre el futuro de la izquierda en España y Europa. Porque, como hemos dicho en otras ocasiones, nos jugamos un orden social y no sólo unos cuantos escaños en el Congreso de los Diputados. La clave, como siempre, está en hacerse las preguntas adecuadas. ¿Qué tipo de país-sociedad queremos para las generaciones futuras? ¿A través de qué mecanismos podemos incidir en la realidad, quizás electoralmente, quizás en el conflicto social o quizás en ambos? Y, finalmente, ¿qué instrumento político es el más adecuado para conseguirlo? Pienso, además, que el orden de las preguntas ha de ser este y no otro.

En unos tiempos en el que la izquierda está tan despistada conviene ser claros también en las propuestas. Y desconfiar de aquellas que no lo son. Por eso trataré de explicitar con nitidez mi apuesta concreta. Pienso que debemos evitar dos tentaciones y apostar por una vía que, siendo más compleja, es la más útil para nuestros objetivos ideológicos.

La primera tentación a evitar es la que podemos llamar el deslumbramiento. Consiste en una suerte de idealización de los fenómenos más recientes, como es el de Podemos, y que suele acabar proponiendo una entrada íntegra en otra formación política. Esta opción supone desestructurar las redes de militantes y simpatizantes que, articulados en torno al significante PCE/IU, inciden en el conflicto social y político. El fenómeno de Podemos merece ser estudiado y en gran medida reconocido, pero no tiene las características que puedan hacer de él un instrumento de transformación social en el sentido que nosotros hemos venido planteándolo en los últimos años. Al fin y al cabo, las transformaciones sólo pueden llevarse a cabo cuando existen redes capilares de activistas organizados que comparten una misma o similar concepción del mundo, una estrategia y una cultura política común, y que además tienen capacidad de incidir en la vida concreta de las clases populares a través de la presencia en los conflictos sociales. Como maquinaria electoral Podemos carece de esas características, mientras que las redes de PCE/IU está más cerca de tenerlas; si bien, como observamos, lejos de que funcionen correctamente entre otras cosas por la falta de una dirección política coherente y cohesionada.

La segunda tentación a evitar, siempre latente, es la que llamaríamos irracional-impulsiva. Consiste en cierta melancolía freudiana de quien no acepta la nueva situación económico-política y espera, con fe ciega, que aquellos tiempos de cierta comodidad –la comodidad del 10% electoral- puedan volver por arte de magia. Habitualmente propugna el refugio a un marxismo fosilizado y fetichista, sin incidencia social e insignificante en apoyo social. Convierte a la izquierda marxista en una pieza de museo. Y es, paradójicamente, la opción con menos autonomía de todas porque siempre se referencia en otras fuerzas políticas, del mismo modo que el bueno de la peli requiere de su antagonista para ser quien es. Es también la opción más emocional, porque se acompaña de la simbología más obrerista para encubrir, curiosamente, la opción política más dogmática. Y, por supuesto, está desconectada de los problemas reales de la gente y de los análisis marxistas sobre la situación económica ya que, en esencia, es una opción de pura fe. De la fe de quien cree que cerrando los ojos la realidad será distinta. Y ya se sabe que la fe no necesita ni ciencia ni hechos.

La opción más coherente es la racional-crítica. Parte de asumir que el 15-M y Podemos, entre otros, es un fenómeno social que manifiesta parte de los deseos e inquietudes de las clases populares. Y que, sin embargo, eso no es suficiente para transformar la realidad ni para aspirar a construir un horizonte socialista. Propugna la construcción de un instrumento de radicalidad democrática, recogiendo las demandas republicanas de los movimientos sociales, y con un proyecto político anticapitalista, herencia del movimiento obrero, porque hunde sus raíces en un riguroso análisis marxista de la realidad socioeconómica. Propugna autonomía política, sin referenciarse en otras fuerzas políticas, pero manifiesta intención de colaboración con otros sujetos, políticos y sociales, y sobre todo pone encima de la mesa la necesidad de reforzar las redes de activistas sociales y la incidencia concreta en la vida de la gente. Es decir, presencia en conflictos sociales. Y la pedagogía como elemento central para el establecimiento de una cultura política compartida.

Estoy convencido de que esta la tercera opción es la que necesitamos, para el bien de nuestro país y para que la izquierda marxista pueda trabajar para la emancipación de las clases populares. En definitiva, para pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad. Pues esa siempre fue la tarea comunista.

[1] Sirva de ejemplo el prólogo que escribí en marzo de 2013 al libro “Conversaciones sobre la III República” de Julio Anguita y Carmen Reina, y que fue notablemente criticado por parte de la entonces dirección de IU.

Articulo de Juan Peñea en su blog Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

fotofinishEl nuevo escenario electoral, con más fuerzas disputando las primeras posiciones, hace que vayamos a una cita con las urnas en la que seguramente descubriremos efectos de la normativa que hasta ahora no se habían visto. Y sociológicamente estamos en un maremoto que hace imprevisible el resultado final, porque en apenas dos años ha dado tiempo a que el panorama haya dado varias vueltas. A un mes de las urnas, lo que hoy en día es un mundo, intento repasar cinco claves que creo que pueden ser decisivas.

1. La alta movilización del voto y la quiniela de los indecisos

Hace un par de años, todo el mundo daba por hecho que íbamos a un ciclo de participación electoral bajísima, marcado por la abstención. Casi una de cada cuatro personas respondía al CIS que no pensaba ir a votar, y más de una de cada cinco no sabía qué hacer. De hecho, en las europeas de mayo de 2014 la participación bajó del 44%, récord mínimo histórico. Hoy, sin embargo, según el último barómetro del CIS, solamente un 9,7% de la población dice que no votará, aunque el número de indecisos sigue en las mismas cotas. Si buena parte de estos, la mitad o más, se decanta por ir a las urnas, habrá una participación bastante alta, en torno al 75 o el 80%. ¿A quién le puede beneficiar?
Para saberlo, cabe echarle un ojo a tres fechas:
  • Enero de 2014 fue el momento en que el CIS recogió mayor vocación abstencionista. Si se observa cómo se distribuía en función de la ideología (pregunta 17), veremos cómo había un reparto bastante homogéneo, por encima del 15% en todos los sectores, salvo en el centro-derecha, que supera el 20%. Mención aparte está la gente que no sabe o no quiere definirse ideológicamente, de quienes casi la mitad decían que se abstendrían. Por tanto, en ese momento había amplísimos sectores sociales huérfanos de representación a izquierda y derecha del espectro.
  • Enero de 2015 fue el momento en que el CIS recogió la mayor intención directa de voto a Podemos (19,3%), y una de las menores a PP + PSOE (25,3%). Ciudadanos estaba por entonces en un ínfimo 2,1%, por debajo de IU. Si observamos la abstención por ideología (pregunta 18), observamos cómo en la izquierda prácticamente había desaparecido, y aunque en el centro y la derecha también se reduce (se acercaban las municipales y autonómicas), la distancia aumenta. En la izquierda apenas quedaba voto por movilizar y el voto indeciso era mucho menor que en el centro y centro-derecha.
  • Octubre de 2015 es la fecha del último barómetro del CIS publicado, que recoge cierto empuje de Ciudadanos y moderación de expectativas de Podemos. En este caso (pregunta 23), vemos cómo el voto se ha movilizado prácticamente en todo el espectro ideológico. Solo quienes se sitúan en el 5 superan el 10% de abstencionismo e incluso entre quienes no se definen ha bajado muy significativamente. Por tanto, casi todo el voto está ya movilizado, no llega al 10% de la población quienes dicen que no votarán. ¿Y qué pasa con el voto indeciso? Que está claramente desequilibrado hacia el centro y la derecha. En la izquierda apenas queda nadie por decantarse (tengamos en cuenta que parte de esa gente indecisa no votará, porque si no iríamos a una inédita participación del 90%).
¿Qué conclusiones podemos sacar de ello?
  1. Que la participación probablementrá será alta, y que el significativo número de indecisos (casi un cuarto del electorado) hace que la campaña sea decisiva.
  2. Que en la pugna por el voto indeciso, en la izquierda y el centro-izquierda queda poco pescado por vender, aunque un porcentaje pequeño puede suponer mucho en esta ocasión. Hay muchas más pelotas en el aire entre el electorado de centro y centro-derecha.
  3. Que, por tanto, cuanto mayor sea la participación, probablemente serán los partidos del centro-derecha quienes más beneficiados resulten, puesto que supondrá que esa gente indecisa se decanta por alguno de ellos.
No obstante, hay que tener en cuenta que buena parte de ese electorado que se ubica en posiciones de centro o del nada despreciable sector que no se ubica ideológicamente (más del 15% en la última encuesta del CIS) es un electorado cuyo comportamiento es más impredecible. Por ello, a la luz de estos datos se entienden mejor muchas de las raciones de cal y arena de los principales partidos en las últimas semanas.
2. El regreso del eje izquierda-derecha
En absoluta sintonía con lo anteriormente expuesto, y en contraste con lo que en algún momento parecía posible, el eje izquierda-derecha será absolutamente determinante en la conformación del voto, al menos en su mayor parte.
En enero de 2014, en ese momento de abstención masiva y horfandad política que describimos antes, encontrábamos datos realmente curiosos en cuanto a la intención de voto según ideología (preg. 17). Por ejemplo, en la tabla del CIS vemos cómo el PSOE conseguía porcentajes de voto, modestos pero significativos, entre gente que se consideraba de derechas. Incluso IU o PP lograban penetrar ligeramente en el lado opuesto de la frontera del 5. Y UPyD era, sin duda, un partido transversal ideológicamente en apoyos sociales.
En enero de 2015 aún se podía ver esta tendencia, algo atemperada en los casos anteriores, pero con un nuevo exponente de transversalidad muy potente, como era Podemos, que arrasaba en la izquierda, pero ganaba en el centro a PSOE y PP e incluso conquistaba posiciones de derecha.
Sin embargo, en octubre de 2015 esto prácticamente desaparece. PP, Ciudadanos, PSOE y Podemos alcanzan posiciones a ambos lados del 5, pero es testimonial el apoyo que reciben más allá de su ámbito “natural”. Por tanto, además de la gran batalla por el electorado más centrado (quienes se sitúan en torno al 5), que es donde más voto indeciso hay, veremos la disputa por la hegemonía en la derecha entre Ciudadanos y PP y en la izquierda entre PSOE y Podemos.
 
3. Las zonas blancas del bipartidismo
PP y PSOE han tenido dos grandes fortalezas durante todos estos años. La primera, en la que se llevaban la palma los socialistas, era que su presencia en todos los territorios era bastante homogénea: no contaban con zonas blancas. La segunda, era que la ley electoral les dejaba competir prácticamente en solitario por los escaños de la mayoría de provincias pequeñas.
De esto último hablaré después, pero quiero destacar ahora que es probable que, al menos el PP, pase a ocupar una posición testimonial en algunos territorios, si es que no pierde absolutamente la representación. Así, en 2011 sacó un diputado en cada una de las provincias de la Comunidad Autónoma Vasca, pero este año sufrirá por la suma del aumento de competencia y el descenso general de su marca. Incluso en Álava, donde quedó en primera posición hace cuatro años, la competición será dura, pues solo hay 4 escaños en juego.

Pero también en Cataluña el PP puede quedar reducido a posiciones muy minoritarias. Es casi imposible que quede fuera, puesto que en Barcelona prácticamente basta con alcanzar la barrera del 3% para lograr escaño, pero la pujanza de Ciudadanos y el mayor número de candidaturas con fuerza seguramente le dejarán fuera en el resto de provincias. Veremos cuánto aguanta por su parte el PSC, que también sufre el mordisco de Ciudadanos y veremos si aguanta el envite de En Comú Podem ahora que Ada Colau ha prestado su apoyo (alguna encuesta muestra que podrían ganarles en su feudo tradicional). Y habrá que ver si en Galicia el PSdeG no se ve arrastrado tras haber perdido mucho peso local en mayo.

Ciudadanos puede que pinche en alguna CA como Navarra y Euskadi, con lo que Podemos podría ser quien lograse un voto más homogéneo.

 

4. El salto de vallas de Podemos y Unidad Popular

Según la ley electoral, se ha de lograr al menos un 3% para lograr escaño en cada circunscripción. Pero al repartir los escaños por provincia, en la práctica se está obligado a alcanzar porcentajes bastante superiores para entrar en el reparto de cada una, y la barrera está más alta cuanto más pequeña es la provincia. Así, como decía antes, en Madrid o Barcelona, cualquier formación que logre un 3% puede dar casi por seguro al menos un escaño. Sin embargo, en otras como Valencia o Sevilla habrá que aspirar a un 5 o un 6% e incluso estar pendiente del resto de competidores. El listón va subiendo poco a poco y en la mayoría de provincias que reparten 6 o menos escaños hay que superar generosamente el 10%, el 15%… hasta llegar a Soria donde has de quedar en primera o segunda posición (siempre y cuando el anterior no saque el doble de votos que tú, porque se reparten 2). O a Melilla y Ceuta, donde solo vale ganar para llevarse el único asiento en disputa.

Por esta razón, hasta ahora PP y PSOE competían en solitario por los escaños de multitud de provincias, ya que era altamente improbable que ninguna fuerza llegara a entrar en el reparto. Esto, sin embargo, es bastante probable que cambie ahora, puesto que Podemos, y sobre todo Ciudadanos (según las encuestas), seguramente entrarán al reparto en muchas provincias medianas y pequeñas, con una presencia bastante homogénea en todo el país.

Sin embargo, unas pocas décimas pueden mover mucho en estas elecciones. Es muy probable que en provincias como las de las “dos Castillas”, Podemos esté justo en el filo. Un pequeño aumento de su porcentaje en Castilla y León podría darle tres o cuatro escaños, y un pequeño descenso quedarse totalmente en blanco. Lo mismo puede ocurrir en otras muchas provincias por lo que un par de puntos arriba o abajo pueden suponer una diferencia de quince o veinte escaños. Exactamente lo mismo ocurre con Unidad Popular – IU en provincias de mayor tamaño. Salvo debacle, logrará uno o dos diputados al menos por Madrid, pero lograr otro en provincias como Sevilla, Asturias o, más complicado, Valencia o Málaga, va a estar en un porcentaje muy estrecho. Podría darse la situación de que apenas un 0,5% le separe de sacar 5 escaños y optar a grupo parlamentario o quedarse apenas con un par de ellos.

5. El curioso efecto proporcional de las provincias pequeñas

Por último, ha de tenerse en cuenta el curioso efecto que tiene la ley electoral cuando se “salta la barrera”, puesto que el sistema se vuelve mucho más proporcional, si se mira al conjunto del Estado, pero incluso favorece a las minorías si se miran de una en una. Pongamos por caso la provincia de Valladolid, donde se reparten 5 escaños. Supongamos que el PP obtiene el 35% de los votos; el PSOE el 25%; Ciudadanos un 18%; y Podemos un 13%. El reparto en este caso asignaría dos escaños al PP, y uno a cada uno de los otros tres, de modo que el PSOE tendría los mismos que los dos “minoritarios” a pesar de sacarles 7 y 12 puntos respectivamente. Para que ello no ocurriera, el PSOE debería haber sacado el doble de votos que Podemos. La cuestión es que parece bastante verosímil que en muchas provincias se den estas situaciones de (al menos) triple empate, aunque sea con bastantes puntos de diferencia.

Por tanto, va a haber que mirar mucho al detalle, provincia a provincia, porque los datos agregados estatales pueden ser muy engañosos. En muchos casos va a depender de en qué posición relativa queden los partidos en cada provincia, y es muy probable que en muchas de ellas se decida por un puñado de votos.

2No necesitamos más declaraciones, necesitamos hechos y éstos se traducen en más recursos para la prevención de la violencia, para la protección de las victimas y para mayor y mejor dotación de servicios que nos ayuden a superar la violencia.

Origen: 25 de noviembre dia internacional sobre violencia de género.

ALBERTO GARZÓN
CANDIDATO A LAS PRÓXIMAS GENERALES

El líder de IU encabezará el proyecto Unidad Popular el 20 de diciembre. En esta entrevista habla de Podemos, del frustrado intento de confluencia, de la situación que se abrirá a partir de las elecciones generales y de la necesidad de “repensar” la izquierda.

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Más en DIAGONAL.

Una aportación en Asturies Pola Unidá.

asturiasporlaunidad

Buena parte de la prensa refleja en sus últimas ediciones, la existencia de reuniones y acuerdos, más o menos secretos, entre fuerzas políticas que todas ellas dicen defender la unidad popular, la trasparencia y la necesidad de decisión por los de “abajo”. Como principios están muy bien; como práctica es bastante diferente y deja bastante que desear. La práctica tiene más que ver con el oscurantismo, las decisiones cupulares, las expulsiones de todo el que discrepa, la mentira y la sucia maniobra. Algo así como poner a la zorra a cuidar las gallinas.

Los tiempos del centralismo burocrático ya pasaron. Los tiempos nos recuerdan y nos traen a la memoria aquella máxima de un dirigente socialista, según la cual “el que se mueva no sale en la foto”. Toda la derecha mediática, desde la que ensalza la PP y sus métodos de designar candidatos a dedo, hasta la que defiende…

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